LAS ASOMBROSAS AVENTURAS DE SÚPER VÍCTOR Y CHICO MARAVILLA

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En un lugar de Sevilla, en una pequeña ciudad llamada Écija, vivió un gran hombre conocido por su imaginación. Este hombre se llamaba Víctor.

Era un hombre alto y delgado, debilucho, con los ojos color miel y el pelo castaño. Era una buena persona y amigo de todos.

Víctor, desde muy pequeño, sintió mucho afán por los cómics y los superhéroes. Cuando alcanzó una edad ya madura, empezó a obsesionarse aún más por Superman. Y, fue tanta su afición, que un día como otro cualquiera se levantó con ganas de combatir el mal junto a la justicia.

Se puso unos vaqueros oscuros, calzoncillos por encima, botas rojas de mujer, camiseta azul con “SV” de Súper Víctor y las sábanas de la cama. No le gustó mucho cómo aparentaba al mirarse al espejo, así que se puso un rizo en la frente. Ahora estaba perfecto.

Se propuso salir para combatir el mal, pero todavía faltaba algo, ¿qué sería? ¡ah, sí! Su dama.

Nada más salir vio a una chica preciosa frente a la acera. Era alta, rubia y delgada. Tenía los ojos brillantes de color cielo y muy pálida, así que deslumbraba su sonrisa. Aparentaba ser, a simple vista, una chica muy dulce, simpática y cariñosa.

Víctor se enamoró perdidamente de ella y nunca le quitaba el ojo para salvarla si ocurría algo. Vio que la vida de su amada era un poco aburrida, no le ocurrría nada interesante. Empezaba a sentirse solo muy solo. Así que llamó a su buen amigo Antonio. Antonio era también un aficionado a los cómics, pero solo era eso. No pensaba en superhéroes ni en el mal ni en la justicia. Se podría definir como un hombre de edad ya madura (igual que Víctor), muy bajito, tanto que solo le llegaba por la cintura. Era gordito y muy realista (lo que suena extraño, ya que le gustaban los cómics).

A Víctor le costó convencerlo de que fuera su ayudante, pero finalmente le convenció de que si pasaba tiempo con él le regalaría todos sus cómics, y Antonio aceptó encantado.

Se puso una camiseta verde, pantalones verdes, botas de mujer negras, guantes negros, capa y antifaz negros. Al principio le hacían mucha gracia los disparates de su amigo, pero…

Un día estaban en la azotea de un edificio muy alto, Antonio no sabía por qué estaban allí, suponía que para controlar la ciudad desde lo más alto. De repente, Super Víctor empezó a oler a quemado y vio humo salir desde un edificio. Observó rápidamente que su amada era la única persona que había dentro del edificio, así que se adentró diciéndole a chico Maravilla (nombre que Antonio no estaba para nada de acuerdo)que se quedase al margen para que viera sus increíbles habilidades. Se metió por la ventana de la cocina, cogió en brazos a su bella dama, la dejó fuera en el bloque y se fue volando. Luego Súper Víctor y chico Maravilla se fueron al su escondite y Súper Víctor le preguntó:

  • ¿Qué te ha parecido? ¿Has visto mi superfuerzas?
  • No exactamente- respondió chico Maravilla- lo único que he visto es que un hombre que ha estado gritando como un pirado en una casa desconocida de una chica feísima a la que ha intentado sacarla en brazos, pero como era muy débil la ha arrastrado agarrándola de un pie y luego se ha ido corriendo.
  • Y, ¿a dónde estabas tú mirando para ver esa estupidez ante mi asombroso rescate?- le contesta Súper Víctor.
  • El hombre pirado eras tú.
  • ¿Cómo puedes estar tan ciego? Estás alucinando, lo mejor será que te quedes al margen en el próximo rescate también.

Se miran extrañados el uno al otro. Entonces Súper Víctor le dice a chico Maravilla:

  • ¿Ves a esa ancianita de ahí? Creo que necesita ayuda para pasar. Haré una buena acción, mientras tú me observas.

Súper Víctor baja a ayudar a la ancianita y, cuando intenta cogerla con su superfuerza para ir más rápido en el atasco, ve que es muy pesada y al final no la mueve ni un milímetro.

Vuelve a l lugar donde está chico Maravilla y le dice:

  • ¡UFF! ¡Qué pesada era esa señora! Creo que estoy perdiendo fuerza.
  • Pero, ¿qué dices? Sólo he visto a un hombre intentando empujar a un coche aparcado encima del paso de peatones mientras pasaba un par de bicicletas por la calle. ¡Ah! Y una aclaración, ese hombre tan torpe eras tú.
  • Chico Maravilla, estás alucinando, tienes un serio problema. ¿Cómo has podido ver eso? Creo que necesitas gafas.
  • ¿Yo? ¿Gafas? Aquí el único de los dos que necesita gafas eres tú. Y ya que estamos también un psicólogo.
  • Tranquilo- chico Maravilla. Tener gafas no es malo…- responde Súper Víctor en tono de consuelo.
  • ¡¡ QUÉ NO NECESITO!
  • ¡¡QUÉ SÍ!!
  • ¡¡ QUÉ NO!!

Se ensarzan en una pelea y Súper Víctor sale mal parado. Se golpea la cabeza y queda inconsciente. Chico Maravilla, al sentirse responsable lo lleva a casa, le pone el pijama y lo mete en la cama.

  • Pobrecillo, lo que hace el cansancio. Estaba delirando…

Pasan horas y horas y Antonio no se separó de Víctor en ningún momento. De repente despierta:

  • ¿Qué me ha pasado?
  • Te has dado un golpe y has quedado inconsciente. Pero, no te preocupes, que te he traído hasta tu casa. Te dejaré que descanses.
  • Gracias, Antonio, eres un gran amigo. ¿He hecho algo fuera de lugar? Es que no me acuerdo de nada de lo que ha pasado en estos últimos días.
  • No, para nada. Lo de siempre.
  • ¿Estás seguro?- insiste Víctor
  • Sí, seguro. Bueno, me dijiste que me regalarías todos tus cómics a cambio de un favor.
  • Bueno, no me acuerdo de nada, pero será cierto. Cógelos.
  • Dejaré que descanses.bAdiós.

Se despiden y Antonio sale de la habitación susurrando:

  • Que sepas, Víctor, que esto lo hago más por ti que por mí.

ISABEL MARÍA FRANCO GARCÍA, 2º ESO-D

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